Un fraude político y humano como Albert Rivera no puede ocupar la Moncloa. Eso es algo indiscutible y el pueblo español no puede caer en la trampa que le están tendiendo para captar el interés por parte de la ciudadanía. Un partido sin ideología política no puede alcanzar el poder. Un partido basado en el populismo más dañino no puede ser quien rija el destino de los españoles. Un partido que defiende los intereses de los grandes poderes financieros internacionales no puede representar a un pueblo digno. ¿Qué ha aportado Ciudadanos o Albert Rivera a los españoles? Nada. ¿Qué pueden ofrecer a la ciudadanía? Nada.

El ascenso en las encuestas de Rivera, el «presidente Sigma 2», no se ha producido porque los españoles hayan visto en Ciudadanos la solución a sus problemas sino porque se están presentando ante la ciudadanía como los defensores de la unidad de la patria ante el desafío de los nacionalismos, sobre todo el catalán. Sin embargo, cuando ha llegado el momento de unirse a otro partido de derechas, el PNV, para aprobar los Presupuestos Generales del Estado no ha dudado. ¿Esta incoherencia es lo que espera al pueblo si esta gente llegar a gobernar? Sí.

Ciudadanos está creciendo en las encuestas gracias a afirmar lo que la gente quiere oír. Por tanto, son un partido populista, pero muy peligroso porque ese populismo se basa en el «cuñadismo» propio de quien afirma que lo sabe todo sin tener experiencia en nada.

Uno de sus cimientos ideológicos es el odio hacia el nacionalismo, concepto en el que incluyen sin ningún rubor a las ideologías independentistas, sin hacer distinción alguna. El concepto de la simplificación de Goebbels llevado a su máxima expresión. Sin embargo, Rivera y muchos de los palmeros que están medrando riendo las gracias al líder, no tienen escrúpulos al presentarse ante los españoles como el único partido que podrá terminar con las organizaciones nacionalistas sin hacer ningún tipo de distinción porque para Ciudadanos es lo mismo Esquerra Republicana, el Bloque Nacionalista Galego, la antigua Convergencia, Coalición Canaria, Bildu o el Partido Nacionalista Vasco. No obstante, el peligro es que, de lograr el objetivo de anular a los nacionalistas, el siguiente paso bien podría ser la recentralización del modelo de Estado para que no se vea afectada la unidad de la patria.

En referencia a sus ideales, la verdad es que su análisis es sencillo porque ni Rivera ni su partido los tienen. Por eso la formación naranja y su líder son un fraude político. La única ideología que tienen es la económica, precisamente porque están sustentados por las élites financieras internacionales. De ahí el interés que ha suscitado y la campaña que se está realizando en su favor desde la gran mayoría de los medios de comunicación que tienen intereses con grandes multinacionales o grandes bancos. Para estas élites económicas el Partido Popular ya no es el aliado, más bien quieren alejarse del tradicional partido conservador español por sus escándalos de corrupción, por el agotamiento de su discurso, por su falta de liderazgo y, principalmente, porque no cubren los mínimos exigidos por quien realmente está gobernando el mundo. Las pensiones es un ejemplo de ello. Mientras el PP, a pesar de su reforma miserable, aboga por cumplir con la ley y garantizar el derecho de la pensión, los amos de Ciudadanos están exigiendo que hay que terminar con el sistema actual para modificarlo por uno basado en los planes privados de jubilación y, de este modo, aumentar los ingresos en las cuentas de resultados de las grandes aseguradoras. Hay que recordar cómo uno de los representantes de estas élites, Goldman Sachs, afirmó no hace muchos días que curar a los enfermos es un modelo económico no sostenible o solicitó a M. Rajoy que tenía que abaratar aún más el despido. Empresas como esta son las que están sosteniendo a Ciudadanos y su máximo gurú económico, el señor Garicano, es un defensor de un ultraliberalismo económico cercano a los postulados del Tea Party norteamericano, es decir, la supresión del Estado.

Todo ello sin contar con los apoyos que está recibiendo de los más importantes lobbies judíos de Norteamérica o de Argentina, gentes tan «maravillosas» como el magnate Adelson o tan insolidarias como la familia Rothschild. Por eso es normal que hayan creado una asociación dentro del Congreso de los Diputados de «Amigos de Israel», cercana a asociaciones sionistas defendidas por otro «demócrata» como José María Aznar. Por eso Rivera es uno de los mayores enemigos de la justicia social puesto que jamás se pondrá del lado de los pueblos oprimidos del mundo porque sus presuntos benefactores son, precisamente, los opresores.

Esas afinidades con personas y movimientos peligrosos para el pueblo lo podemos encontrar en el viaje que está realizando Albert Rivera por Latinoamérica. ¿A qué líderes ha visitado o visitará? A los que no creen en el pueblo como soberano y que ceden toda la soberanía de sus países a las élites financieras internacionales. Piñera o Macri son los máximos representantes de ello. El primero, asociado con las grandes fortunas como, por ejemplo, la familia Luksic, quien fue uno de los que invirtió varios cientos de millones de euros en el Banco Popular con la intención de hacerse con el control de la entidad. El segundo, por su cercanía con el lobby judío de Buenos Aires. Por cierto, un viaje en el que está presentándose prácticamente como futuro presidente de España sin contar con que el pueblo español tiene la última palabra y, hasta ahora, los españoles no se han creído un discurso vacío porque, aunque en ocasiones los políticos lo piensen, el pueblo no es tonto, tal vez ingenuo, pero no idiota.

Sin embargo, el «salvador» Rivera no visitará ni al presidente Lenin Moreno del Ecuador ni a Evo Morales de Bolivia porque ahí tendrá modelos políticos con ideología, con dignidad, que son contrarios a lo que él defiende porque, principalmente, no se entregan a los intereses de las élites financieras internacionales ni olvidan que la misión de un gobernante es la justicia social, la búsqueda de la igualdad, la lucha contra la corrupción y el reparto justo de la riqueza.

En referencia a la corrupción, Ciudadanos y Rivera han tirado de veta al afirmar que ellos están limpios, pero se olvidan de algo: todavía no han gobernado ni han manejado presupuestos importantes. Esta es la razón por la que no quisieron entrar en ningún gobierno autonómico o municipal a los que están apoyando para que, posibles casos de corrupción, no les salpicasen. Sin embargo, la realidad es que Ciudadanos ha logrado lo imposible cuando han gobernado: arruinar ayuntamientos que ya estaban arruinados por el Partido Popular. Ese logro nadie se lo podrá quitar a los de Rivera.

No obstante, no dudan en acercarse a corruptos perseguidos por la justicia internacional, algunos de ellos que están siendo encarcelados en estos días. La relación de Rivera con los venezolanos que se enriquecieron con la corrupción de Rafael Ramírez en PDVSA debería hacer pensar a muchos los que ahora piensan en votar a los naranjas. ¿Están financiando estos corruptos al partido de Rivera? ¿Es esta la razón por la que su primer viaje a Latinoamérica fue a Venezuela? Con la cantidad de gimnasios que hay en Madrid, ¿por qué Rivera acude al que está regentado por uno de los socios de Ramírez? ¿Son mejores los corruptos venezolanos que los corruptos españoles?

Al presidente de Ciudadanos se le está presentando como el líder perfecto, pero con unos toques joseantonianos que nos hacen retrotraernos a años oscuros de nuestra historia. El populismo, el nacionalismo españolista, el mensaje vacío, la falta de ideología política y la priorización de los intereses de las élites financieras internacionales a los del pueblo son los ingredientes de un veneno servido en una botella de cristal de Bohemia.