El presidente del Gobierno Pedro Sánchez.

El líder socialista aseguró ayer en la Cadena Ser que sólo plantea ya el de las transacciones financieras

El Gobierno generó ayer un caos con su política tributaria sin explicar por qué daba bandazos. El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, aparca ahora el impuesto a la banca sin dar detalles de por qué, pero la ministra de Hacienda, María Jesús Montero, explicó en privado hace unos días a representantes de Podemos que quieren dar una imagen de moderación ante los inversores.

«Lo que nos dice la ministra es que no quieren ser tildados de peligrosos izquierdistas, no es broma», afirma a EL MUNDO el responsable económico de Izquierda Unida, Carlos Sánchez Mato, que está participando en reuniones de Unidos Podemos con la titular de Hacienda. Fuentes del Ministerio se remiten a lo anunciado por Sánchez y declinan comentar las reuniones de Montero con Unidos Podemos, que «deben ser discretas».

El propio Sánchez ha defendido hasta por escrito la creación de un impuesto a la banca y otro a las transacciones financieras para recaudar 2.000 millones con los que financiar la subida de las pensiones, pero ha cambiado de opinión.

El líder socialista aseguró ayer en la Cadena Ser que sólo plantea ya el de las transacciones financieras, que implica gravar la compra de acciones en Bolsa, sin explicar por qué no continúa adelante con el de la banca. La presión del sector financiero ha sido fuerte y la Asociación Española de Banca y la Confederación de Cajas de Ahorros llegaron a hacer en julio un comunicado conjunto advirtiendo que tal impuesto tendría consecuencias para el crédito y para la recuperación económica.

El impuesto a las transacciones financieras está acordado por el grueso de los países europeos y, en versión muy moderada de la llamada Tasa Tobin, estaba ya siendo preparado por el anterior Gobierno del PP, entre otros de la Eurozona. El planteamiento del PSOE hasta ahora es establecer un gravamen general del 0,1% sobre la compra de acciones y dejar fuera las adquisiciones de deuda y de productos derivados.

«No puede ser que se renuncie al impuesto a la banca y que sólo se pretenda poner otro ridículo a las transacciones financieras. Así no va a haber acuerdo ni habrá Presupuestos», afirma Sánchez Mato, que asegura trabajar de forma coordinada con el equipo de Podemos.

Unidos Podemos reclama un gravamen general mínimo del 0,3%, no sólo por recaudación, sino para limitar la especulación financiera, y exige que el gravamen alcance también a los productos financieros derivados. El secretario de Economía del PSOE, Manuel Escudero, era partidario de aplicar al menos un 0,01% de gravamen a los derivados, pero Montero es reticente con el mismo argumento de no crear alarma ante los inversores, según Sánchez Mato.

Éste considera imprescindible gravar también los dividendos de grandes empresas internacionales, pero el Gobierno quiere elevar al 15% el tipo efectivo del Impuesto de Sociedades sobre la base imponible, no sobre el resultado contable, lo que según el economista de IU deja fuera de la tarta unos 3.000 millones.

El presidente del Gobierno sí confirmó una subida del impuesto sobre el gasóleo por fines medioambientales. «Todo lo que tenga que ver con transición energética y sostenibilidad del país como la movilidad privada, que es altamente contaminante, tendrá su traducción en una subida de este impuesto», dijo el presidente que, al tiempo, excluyó que pueda ser aplicado a los transportistas.

En la misma mañana, la ministra de Industria, Reyes Maroto, presentó la subida como «un globo sonda» por ser «una idea todavía sin desarrollar», según informa desde Santander Matías G. Rebolledo. Maroto se mostró satisfecha, por el contrario, del apoyo fiscal brindado al sector de automoción. Fuentes de Industria aseguran a este diario que la ministra no está en contra del impuesto y que su desafortunada declaración obedeció a que no fue avisada a tiempo del anuncio que había hecho el presidente del Gobierno.

Por su parte, la titular de Transición Ecológica, Teresa Ribera, aboga por una implantación escalonada.