900 páginas para intentar desmantelar 2.000 años de cristianismo

Fernando Prieto Arellano.

Madrid, 6 oct (EFE).- Durante dos milenios, el cristianismo ha perdurado como una de las tres grandes religiones monoteístas del mundo. Ahora un voluminoso libro de casi 900 páginas sale a la luz para intentar demostrar que todo ello, a juicio de su autor, fue solo una idea del emperador romano Constantino, en el año 303.

En «Año 303, inventan el cristianismo» (Ediciones Alta Andrómeda) el investigador Fernando Conde Torrens defiende la tesis de que toda la historia del cristianismo se fraguó y se redactó entre ese año y el 313. Nunca hubo nada previamente, sino que todo es una invención que podría calificarse de literaria.

Todo esa historia, cimentada en lo que en la terminología cristiana se conoce como Nuevo Testamento, la escribieron dos personas a las órdenes de Constantino: Lactancio (considerado por sus biógrafos como un panegirista cristiano) y el historiador Eusebio de Cesarea, señala Conde.

A juicio del investigador, «Jesucristo es un invento literario de Lactancio. Es tan real como Don Quijote, Supermán o Luke Skywalkwer, es un personaje de ficción.»

«Como regla general, que se hable por primera vez de un personaje famoso trescientos años después de existir éste, sin testigos coetáneos ni intermedios del mismo, plantea una duda muy seria sobre la historicidad de tal personaje. Sin duda, Eusebio tomó un arquetipo de verosímil factura, no iba a elegir un ser incompatible con su tiempo», afirma Conde en entrevista con Efe.

De hecho, Conde va más allá en su tesis de lo que ya apuntó en el siglo XVIII el historiador inglés Edward Gibbon (1737-1794) en su monumental «Historia de la decadencia y caída del Imperio romano», cuando hace una revisión crítica de las fuentes oficiales cristianas, en particular en lo tocante al periodo de las persecuciones, cuyo alcance y virulencia reduce.

Gibbon sostiene que los cristianos recibieron notable tolerancia por parte de los ciudadanos paganos romanos e incide en que el cristianismo es en buena medida uno de los causantes de la caída del Imperio romano, en particular tras su adopción por Constantino como religión oficial en virtud del Edicto de Milán (313).

En este sentido, Conde subraya que «no hubo persecuciones ni mártires; ni Nerón quemó a nadie, ni Diocleciano persiguió a nadie».

«No hubo ‘persecución sistemática de cristianos'», entre otras razones -argumenta- porque «no existían físicamente, sino solo sobre el papel».

El estudio de Conde se basa y pretende concluir una investigación iniciada en 1850 en la Universidad alemana de Turingia con la que se trató de esclarecer la autoría de los textos sagrados del cristianismo.

A mayor abundamiento, Conde niega la existencia de un personaje fundamental en la historiografía y la teología cristiana como es San Pablo, el llamado «apóstol de los gentiles.»

Pablo «no existió en absoluto. Es obra exclusiva de Lactancio, y en Pablo solo hay barbaridades y moral elemental», afirma.

En su libro, presentado en forma de ensayo novelado con un amplio anexo lleno de documentos y textos escritos en griego, Conde indica que si Lactancio fue el creador de la nueva religión, Eusebio se opuso a la falsificación y preparó los textos para dejar huellas de que todo era un invento.

En este sentido, Conde revela las técnicas empleadas por Eusebio para avisar al lector de que se encontraba ante una falsificación.

Entre esas técnicas, señala el investigador, se encuentran la doble redacción, las estructuras en ambas etapas de la redacción y, muy particularmente, los acrósticos, mensajes ocultos que el autor de un texto coloca al comienzo o al final de una frase, con firmas como «SIMÓN».

Conde disiente con la idea de que su libro sea una nueva obra apologética del ateísmo o del agnosticismo, como ya otros muchos autores han hecho, partiendo para ello del estudio crítico de los textos cristianos.

El investigador sostiene que su obra «es una invitación al Conocimiento», entendido como el logos griego.

«Hay en el Nuevo Testamento algo del Conocimiento de los griegos, menos del 10 por ciento, que está, además, mal traducido. Hay moral elemental, sobre todo en las Epístolas paulinas, otro 10 por ciento. El 80 por ciento restante son barbaridades doctrinales», señala.

«Occidente se merece más Conocimiento, y bien traducido, no ese escaso 10 % por ciento», recalca. EFE

Fuente: (https://www.lavanguardia.com/vida/20161006/41821293947/900-paginas-para-intentar-desmantelar-2000-anos-de-cristianismo.html)

VIDEO:

 

El jefe saliente del Mossad revela detalles sobre operaciones israelíes contra el programa nuclear de Irán

Yossi Cohen dejó entrever el papel israelí en las explosiones ocurridas en la central de Natanz y en el asesinato de un destacado científico iraní, además de aportar detalles sobre el robo de archivos nucleares de Irán en 2018.

Yossi Cohen Heidi Levin/Pool / Reuters

Yossi Cohen, quien se retiró la semana pasada de su cargo como jefe de la agencia de espionaje israelí, el Mossad, concedió una reveladora entrevista en el programa ‘Uvda’ de la cadena Channel 12, en la que proporcionó detalles sobre las operaciones de su país contra Irán.

Así, Cohen insinuó que su agencia estuvo detrás de la explosión de la instalación subterránea de centrifugado de Irán en Natanz; describió detalladamente la operación de 2018 en la que el Mossad robó archivos nucleares iraníes de cajas fuertes ubicadas en un almacén de Teherán, y confirmó que el principal científico nuclear iraní, Mohsen Fakhrizadeh, asesinado en noviembre de 2020, había estado en la mira de la Inteligencia israelí durante años.

El robo del archivo nuclear

En la entrevista, Cohen dio pormenores de la planificación y ejecución del robo por parte del Mossad, en la noche del 31 de enero de 2018, de un vasto archivo de documentos nucleares iraníes de un almacén de Teherán, una operación por la que Israel se ha atribuido abiertamente el crédito.

El jefe saliente de la agencia detalló que se necesitaron dos años para planificar el robo, y que un total de 20 agentes —ninguno de ellos ciudadano israelí— estuvieron involucrados en el terreno, mientras que el propio Cohen dirigió la operación desde el centro de comando del Mossad en Tel Aviv.

El equipo neutralizó las alarmas, retiró las puertas e irrumpió en el almacén, donde abrieron 32 cajas fuertes. Cuando en el centro de comando de Tel Aviv se recibieron, en tiempo real, imágenes de los documentos en farsi y otros materiales y se dieron cuenta de que aquello era lo que buscaban, «hubo una emoción increíble para todos nosotros», recordó Cohen.

El exjefe de espías asegura que todos los agentes involucrados están vivos y bien, aunque algunos de ellos tuvieron que ser sacados de Irán, recoge The Times of Israel.

Sabotaje en Natanz

En julio de 2020, una misteriosa explosión, de la que Irán culpó luego a Israel, destrozó un conjunto de centrifugadoras avanzadas en la planta de enriquecimiento de uranio de Natanz. En abril de este año, otra explosión acabó con una de sus salas subterráneas.

Cohen dio a entender en la entrevista que está profundamente familiarizado con diversos sitios nucleares de Irán y señaló que si se le diera la oportunidad, llevaría a la entrevistadora al «sótano» de Natanz, donde -dijo- «solían girar las centrifugadoras». «Hoy en día, el sótano no se ve como antes«, subrayó.

Sin confirmar explícitamente la responsabilidad en el sabotaje, el jefe saliente del Mossad indicó de manera más general: «Le decimos muy claramente [a Irán]: No permitiremos que obtengan armas nucleares. ¿Qué es lo que no entienden?».

La muerte de Fakhrizadeh

Con respecto a Fakhrizadeh, identificado por Israel como el padre del programa de armas nucleares de Irán, Cohen no confirmó ni negó la participación del organismo a su cargo en esa muerte, pero sí apuntó que «fue un objetivo de la recopilación [de inteligencia] durante muchos años», ya que su conocimiento científico preocupaba al Mossad.

Al ser preguntado si cree que los asesinatos de poderosos enemigos de su país valen la pena, Cohen advirtió que «si un hombre tiene una capacidad que pone en peligro a los ciudadanos de Israel, debe dejar de existir«. Al mismo tiempo admitió que, en algunos casos, Israel transmite a un objetivo potencial el mensaje de que podría salvarse «si está preparado para cambiar de profesión y no dañarnos más».

 

Disuelven en Alemania una unidad policial de élite tras descubrirse que algunos integrantes intercambiaban mensajes racistas y de extrema derecha

En total, se investiga a 20 agentes, de 29 a 54 años, quienes participaron en dos grupos de chat diferentes en los que se burlaban de los refugiados y compartían simbología nazi.

Imagen ilustrativa Thilo Schmuelgen / Reuters

Las autoridades alemanas decidieron disolver este jueves la unidad de Policía de élite de la ciudad de Fráncfort (SEK, por sus siglas en alemán) después de que se descubriera que 18 de sus miembros estaban intercambiándose de mensajes racistas y del contenido nazi, informa The New York Times, citando a Peter Beuth, ministro de Interior del estado federado de Hesse.

«La inaceptable mala conducta de varios miembros, así como la vista gorda de los superiores inmediatos del SEK de Frankfurt, han hecho necesaria su completa disolución», señaló el alto funcionario.

En total, la Fiscalía de Hesse investiga a 20 agentes, de 29 a 54 años, quienes supuestamente participaron en dos grupos de chat diferentes en los que se burlaban de los refugiados y compartían simbología nazi, prohibida en la legislación del país. Entre los imputados, 18 eran policías en activo, mientras que uno trabajaba en otra unidad policial y otro ya estaba retirado.

El intercambio de contenido prohibido fue descubierto por casualidad durante una investigación sobre un caso no relacionado. Así, los fiscales estaban analizando los dispositivos móviles de un oficial de la unidad por la presunta posesión de pornografía infantil.

Entretanto, se planea que el grupo disuelto sea reestructurado, poniendo mayor énfasis en el liderazgo responsable. «Ellos son uno de los garantes de la seguridad y, por lo tanto, con más motivo deben estar libres de conductas inaceptables», aseveró Stefan Muller, jefe de la Policía de Hesse.