La CÍA en España: Isidoro o… Felipe González

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Por Matilde Tilde

La CÍA en España de Alfredo Grimaldos es una obra de recomendada lectura si hoy en día se quiere entender a algunos siniestros y oscuros personajes de la historia de nuestro país que aún hoy en día siguen aportando grandes y “memorables” gestos para la perpetuidad del bipartidismo, o tal vez lo contrario, es difícil saberlo teniendo en cuenta las múltiples caras con las que se levantan y se acuestan dichos peones del poder económico.

El libro cuenta cómo en la época final del franquismo, el comandante del servicio de inteligencia español -SECED- Miguel Paredes, inició una amplia ronda de contactos con militantes socialistas para conocer sus planteamientos políticos, hasta dónde llegaba su izquierdismo y su ímpetu revolucionario. Una operación denominada curiosamente “Primavera” (como las primaveras árabes, movimientos reivindicativos en países árabes al estilo del 15 M) para  acercar a socialistas a posiciones más templadas y pragmáticas según las recomendaciones de Willy Brandt, un curtido socialdemócrataalemán que ocupó el cargo de canciller de Alemania Occidental entre 1969 y 1974.

Según Grimaldos, durante los últimos años del franquismo el Psoe era poco más que una sigla, el mayor peso de la resistencia contra el régimen lo habían desempeñado los comunistas.

El 14 de Octubre de 1974, seis meses después de la revolución de los claveles, se celebró un congreso del PSOE en Suresnes, una ciudad cercana a París, con financiación del Partido Socialdemócrata alemán (Willy Brandt). En ese congreso, un tal Isidoro (un joven abogado sevillano semidesconocido con ciertos trazos burgueses, que se enmascara con el nombre de guerra de Isidoro, nombre tras el que se esconde Felipe González) sería llevado hasta lo más alto de la cúpula de la organización y, consiguiría suceder como secretario general del partido al veterano Rodolfo Llopis, quien no reconocerá las resoluciones de dicho congresoEl Congreso de Suresnes fue convocado por un grupo de jóvenes militantes desgajados del PSOE histórico. La dictadura propició el resurgir del Psoe para ahogar al PCE, en palabras del comisario Manuel Ballesteros a la periodista Pilar Urbano, “a los socialistas no se les detenía a diferencia de los comunistas, era una indicación de los altos mandos”.

Se trataría de una refundación del partido de Pablo Iglesias y se prepararía la Transición española tutelada por la socialdemocracia alemana y los servicios secretos norteamericanos. Un fino y arduo trabajo de construir un partido “de izquierdas” para impedir que la izquierda se hiciese con las riendas de España aniquilando las luchas obreras y reivindicaciones populares (muy fuertes en la época).

EL PRESIDENTE FELIPE GONZALEZ MARQUEZ Y EL VICEPRESIDENTE ALFONSO GUERRA EN EL CONGRESO DE LOS DIPUTADOS

Los servicios secretos alemanes y norteamericanos se pusieron manos a la obra para construir un partido más vistoso en lo externo y manejable en lo interno, llevado por gente joven, un partido socialista que aceptase la monarquía (y la Otan), pero mantuviese al menos inicialmente una imagen de izquierda reivindicativa para que pudiese desbancar al PCE. La financiación se comenzó a canalizar a través de la fundación Pablo Iglesias, recién creada en el momento y, como se desvelará más tarde, en 1979, a través de UGT, la cual recibiría 200 millones de pesetas de los sindicatos amarillos norteamericanos.

Ya en mayo de 1979 en el XXVIII Congreso del Psoe se elimina por fin el término marxismo de los estatutos del partido para tranquilidad de los militares. Justo de la Cueva, miembro de la comisión mixta de reunificación del Psoe abandona la militancia y hace unas declaraciones: “El Psoe va donde dice la CÍA a través de Willy Brandt”. A partir de ahí los jóvenes que dieron el golpe de estado dentro del Psoe en Suresnes van cumpliendo el guión, que se les ha preparado, acercándose al poder.

Felipe González asumirá la tarea de destruir a ese movimiento que exigía amnistía, la consulta popular para elegir el sistema de estado, monarquía o República: -el PCE-. Nacía un nuevo monstruo pronorteamericano, atlantista y pro Otan: el Psoe de Isidoro. ¿Será Felipe González y su Psoe de Suresnes la única criatura diseñada por la CÍA para destruir a la Izquierda y a los movimientos populares?

El otro Suresnes, 1972: la traición del PSOE a la República y a Rodolfo Llopis.

El PSOE, celebra estos días el 40 aniversario del Congreso de Suresnes en 1974 donde Felipe González sería elegido Secretario General, sin embargo no le interesa contar la verdad de como fue aquel proceso.
Debido al franquismo imperante en la España de los años setenta, el PSOE se veía obligado a celebrar sus congresos en el exilio. En este sentido, en agosto del año 1970, la localidad francesa de Toulouse albergó el XI Congreso en el exilio. En este cónclave socialista se mantuvo una pugna abierta entre los socialistas españoles del exilio, encabezados por Rodolfo Llopis y los socialistas del interior entre los que se encontraba el joven Felipe González. En el congreso se planteo la no reelección de Llopis como Secretario General, sin embargo Llopis salió reelegido ya que contaba con el apoyo mayoritario de las agrupaciones socialistas del exilio y sus respectivos militantes.
El histórico Rodolfo Llopis, socialista, masón y pedagogo republicano, había representado la legitimidad socialista del PSOE, como Secretario General desde 1944 a 1972 y como Presidente de la UGT desde 1956 a 1971. Durante la II República, fue Director General de Primera Enseñanza en el ministerio dirigido por Marcelino Domingo. Llopis fue un hombre integro, fiel a sus principios socialistas, colaborador y amigo fiel de Francisco Largo Caballero, dedicó gran parte de su vida a la enseñanza. Había sido instruido en la masonería y fue un fervoroso defensor de la República. En política ostento cargos de Diputado a Cortes por la República desde 1931 a 1939 y fue elegido Presidente del Consejo de Ministros de la República en el Exilio en 1947. Llopis fue un icono de la lucha antifranquista y la defensa de la legalidad republicana, sin embargo después de toda una vida de lucha, fue objeto de una traición para desbancarle de la Secretaria General del partido.
Rodolfo Llopis
A raíz del Congreso de 1970, los socialistas ya estaban claramente divididos en dos sectores: el “histórico” que apoyaba desde las agrupaciones del exilio al Secretario General del Partido, Rodolfo Llopis y la “renovadora” que representaba a las agrupaciones del interior de España, que pretendían acaparar el poder.
En agosto de 1972, el sector renovador encabezado entre otros por Felipe González, Nicolás Redondo, Ramón Rubial, Pablo Castellanos, Alfonso Guerra… convocó el XII Congreso en el exilio, en la localidad francesa de Toulouse, con la oposición de Rodolfo Llopis. A este encuentro, asistieron los delegados del interior y algunas secciones del exterior. Diversas fuentes historiográficas indican que el número de delegados del interior estaba “inflado”, ya que no existían tantas agrupaciones socialistas en el interior, lo que limitaría el número de representantes con derecho a voto.
Esta artimaña, sirvió para que el congreso nombrase una ejecutiva colegiada, que sirviera para desbancar a Llopis de la Secretaria General. Con el fin de que no fuera tan evidente, Ramón Rubial incluso ofreció a Llopis la Presidencia del Partido, algo que Llopis rechazó por principios. Cabe destacar que los renovadores ocuparon el despacho de Llopis y cambiaron la cerradura, lo cual motiva una denuncia que quedará en archivo, como apunta el libro “El exilio republicano español en Toulouse 1939-1999”.
Rodolfo Llopis, no asistió al congreso convocado en agosto por los “renovadores” y no reconocería la validez del mismo. En este sentido, en el mes de octubre Llopis se reunió con sus correligionarios y convocó el XII Congreso para diciembre del año 1972. A este congreso socialista, asistieron 83 grupos departamentales y agrupaciones del exterior con 212 delegados y 19 Federaciones del interior con 47 delegados. Las cifras no dan a engaño.
Después de realizarse una duplicidad de Congresos, el partido quedó totalmente dividido en dos sectores: “el histórico” y el “renovador”. Durante el año 1973, ambos tratarían de buscar ser reconocidos por la Internacional Socialista.
El Partido Socialista del Interior (PSI) encabezado por Enrique Tierno Galván, apoyó al PSOE Histórico de Llopis, sin embargo el sector “renovador” contaría con el apoyo fundamental de EE.UU y los partidos Socialdemócratas Europeos, tal y como respalda el libro “La CIA en España” del historiador Alfredo Grimaldos.
A partir de 1972, la Internacional Socialista creó una comisión especial para determinar el caso español y decidir si se reconocía al sector “renovador” o al sector “histórico”, como válidos representantes de las siglas del PSOE. Finalmente, el 31 de enero de 1974, la Internacional Socialista validaría el congreso celebrado agosto de 1972 como “legítimo y legal”, en detrimento del congreso celebrado en diciembre por Rodolfo Llopis.
Ya todo a su favor, en octubre de 1974 los “renovadores” convocaron el XIII Congreso en el Exilio, en la ciudad de Suresnes, donde Felipe González alcanzó la Secretaría General. El nuevo PSOE de Felipe González renunciaría al marxismo, abandonando el socialismo y convirtiendo al partido a una ideología socialdemócrata. Además de eso, renunciaría a la restitución de la República, dando validez a la monarquía y la bandera rojigualda.
La renuncia al marxismo y a la República, evidentemente fueron para legalizar el partido y contentar a los sectores postfranquistas que apoyaban el régimen monárquico, según el legado de Franco. Los servicios prestados por la EE.UU y la CIA, serían recompensados con la integración de España a la OTAN y las bases militares, en los gobiernos socialdemócratas de Felipe González. Así como la integración en la Unión Europea, en parte fue gracias a la buena sintonía con los partidos socialdemócratas europeos.
Eco Republicano