La militarización estadounidense en América Latina

Lori DeGolyer 

La Haine

bases-militares-en-america-atina-y-caribeEntrevista con Grace Livingstone, la intelectual y periodista estadounidense especialista en militarizacion gringa

Los recientes esfuerzos llevados a cabo por Estados Unidos para incrementar todavía más sus capacidades en América Latina han provocado que muchos líderes en la región muestren su angustia y que incluso un grupo de países se oponga a Estados Unidos.

Teniendo en cuenta el efecto que las fuerzas de Estados Unidos tienen en América Latina, Prisma ha hablado en exclusiva con Grace Livingstone, periodista y escritora especializada en cuestiones latinoamericanas.

Cuando el presidente ecuatoriano, Rafael Correa, decidió no renovar la licencia con Estados Unidos con relación al centro antidroga en la base de Manta, la administración de Obama puso en práctica un programa en Colombia con el que se ha incrementado de forma masiva el número de bases estadounidenses en la región. De hecho, Colombia y Estados Unidos firmaron el 30 de octubre de 2009 un Acuerdo complementario de diez años para la Cooperación y Asistencia Técnica en Defensa y Seguridad, permitiendo así el acceso estadounidense a siete bases militares colombianas.

Este acuerdo, junto con la reactivación de la Cuarta Flota en el Caribe y el Atlántico Sur, así como un acuerdo similar para establecer varias bases militares nuevas en Panamá y la todavía presencia militar estadounidense en Honduras, ha dejado a muchos líderes regionales profundamente preocupados, dado que, de este modo, Estados Unidos cuenta con un enorme potencial para actuar contra cualquier gobierno “anti-estadounidense” en América Latina. La reactivación de la Cuarta Flota después de que fuese retirada de servicio en 1950 constituye especialmente una preocupación para el presidente brasileño Lula da Silva, que teme que la flota entre en un área en la que acaban de descubrir petróleo.

La Base Aérea de Soto Cano (Palmerola) en Honduras, que en su momento sirvió como base operativa para la Contra, fuerzas paramilitares que la CIA entrenó, armó y financió con el fin de lanzar ataques contra los movimientos izquierdistas en América Central, sigue ocupada en la actualidad por el ejército estadounidense. Los ataques de la Contra se saldaron con muchos muertos, desaparecidos, torturados y heridos, así como dirigentes estadounidenses que supervisaron estas maniobras. La parte positiva es que muchos gobiernos se han estado oponiendo a Estados Unidos, negándole el acceso a las bases militares en sus países. En concreto, el presidente Manuel Zelaya alineó Honduras con los países del ALBA y ha dado un paso de vital importancia con el fin de reducir la presencia del ejército estadounidense en Honduras.

El sábado 4 de diciembre se llevó a cabo “América Latina 2010” en la Confederación de Sindicatos, una conferencia que juntó la perspicacia de varias figuras importantes preocupadas por las cuestiones de América Latina, debatiendo asuntos que iban desde la justicia climática para las naciones del ALBA, el apoderamiento de América Latina y las relaciones con Estados Unidos. Tras su discurso sobre la militarización estadounidense de América Latina,

Prisma habló en exclusiva con Grace Livingstone , autora de “America’s Backyard: the U.S. and Latin America from the Monroe Doctrine to the War on Terror.”

Los gobiernos han permitido que Estados Unidos establezca bases militares en sus países, a cambio de ayuda militar y económica. ¿Esto ha ayudado realmente a los países de América Latina?

En Colombia, el gobierno tenía afinidad ideológica con el gobierno de George Bush. Uribe quería tomar medidas energéticas en contra de las FARC, lo que coincidía con el gobierno de Bush. De este modo, en realidad, su gobierno permitía gratamente que Estados Unidos utilizase bases militares en Colombia mientras estuvo en el poder.

Desde el Plan Colombia, a Estados Unidos se le ha metido en la guerra contrainsurgente en Colombia, lo que ha permitido la entrada de ayuda estadounidense y ha contribuido a hacer que las FARC retrocedan al campo. Sin embargo, como se puede observar en la “Militarización de Colombia”, las violaciones de los derechos humanos han aumentado, con 12.000 asesinados: sindicalistas y activistas.

Un gobierno de derechas en Colombia concede una gran libertad de actuación a Estados Unidos, pueden establecer satélites sin el permiso del gobierno colombiano, no tienen que pagar peaje en las carreteras, ni impuestos de aterrizaje, están exentos. A los colombianos ni siquiera se les permite inspeccionar o buscar vehículos o aviones militares estadounidenses en Colombia. Así, algunas de estas cuestiones han originado protestas en América Latina.

¿Ha habido algún consenso o la posibilidad de consenso entre los gobiernos de los países de América Latina para hacer un frente común y decir NO a las bases estadounidenses?

La mayoría de los países en Sur América estaban en contra de las bases colombianas que tratan con Estados Unidos, Argentina, Brasil, Chile, Venezuela, Ecuador y Bolivia, todos en contra del acuerdo con Colombia especialmente porque dijeron que choca con su soberanía.

En Colombia también existe una oposición a estas bases. Allí hay un movimiento con el que se espera impedir que Estados Unidos las utilice. El tribunal constitucional ha dictaminado que viola la constitución. Si Estados Unidos quiere utilizar esas bases, los tribunales colombianos tienen que aprobarlo primero.

En Ecuador tuvo lugar un movimiento de base contra la base estadounidense en Manta, que finalmente acabó con éxito cuando se le pidió a las fuerzas estadounidenses que se marcharan. El gobierno colombiano lo está utilizando como modelo.

El reclamo general es que hay más ayuda militar que ayuda dirigida al bienestar social. De este modo, ¿si hubiese asistencia social no habría problema con la ayuda militar?

“Creo que hay un problema con toda la ayuda estadounidenses, tanto militar como social, porque en general se dice que la ayuda estadounidense se ha utilizado para promover el interés nacional estadounidense y, con frecuencia, para minar las organizaciones gubernamentales con las que Estados Unidos estaba en desacuerdo.

Así se puede ver en Bolivia, Ecuador y Venezuela. A través de Estados Unidos, se les ha estado dando dinero a quienes se oponen al gobierno. En Ecuador se dio dinero a quienes guiasen el golpe de Estado. En Venezuela ocurrió lo mismo. En Bolivia están empleando el dinero de Estados Unidos para lanzar propaganda contra Evo Morales y su gobierno. Así que creo que es problemático el modo en el que la ayuda estadounidense se esta utilizando en este momento.

Si los estados de América Latina se unen y trabajan juntos, desde ALBA, por ejemplo, ¿es posible parar la militarización?

“Pienso que es realmente importante que los estados latinoamericanos estén unidos y trabajen juntos y en el caso de la militarización de Colombia se han declarado casi por unanimidad en contra y considero que tendrá un efecto. El presidente Santos esta considerando la idea de enviar el proyecto de ley al Congreso. Es consciente de la gran oposición por parte de sus vecinos y se está pensando dos veces el seguir adelante con este acuerdo colombiano. Han sufrido un tremendo impacto y la realidad es que para Estados Unidos está siendo cada vez más difícil encontrar países que se ofrezcan para que puedan establecer sus bases.

Se están buscando países con gobiernos derechistas, por lo que en este momento avanzan hacia Panamá y Costa Rica. La unidad que los gobiernos progresistas han mostrado está teniendo un impacto progresivo. Estados Unidos ya no cuenta, como lo había hecho en el pasado, con la libertad de llevar a cabo maniobras. Está intentando recuperarse pero es una lucha con la solidaridad y la unidad que los gobiernos progresistas están mostrando.

¿Los países latinoamericanos necesitan ayuda de Estados Unidos?

Considero que todos los países darían la bienvenida a la ayuda si viniese sin condiciones. Pero, el problema con la ayuda estadounidense en este momento es que se está utilizando para promover intereses y desestabilizar a los gobiernos opositores. Esta es la razón por la que en la actualidad muchos gobiernos están buscando ayuda e inversión por parte de otros países.

En su último libro, “America’s Backyard: the U.S. and Latin America from the Monroe Doctrine to the War on Terror”, Grace Livingstone habla más del impacto perjudicial que Estados Unidos ha tenido sobre América Latina, así como de la tendencia izquierdista, cada vez mayor en los países de la región.

(Traducido por: Silvia Enríquez Pérez – Silviiiiep@hotmail.com)

http://www.theprisma.co.uk Fuente: http://www.lahaine.org/

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